viernes 6 de noviembre de 2009
jueves 5 de noviembre de 2009
El Yanky
Un día tocaron el timbre de casa. Le estoy hablando de hace mucho tiempo, en Parque Patricios, en la casa de mis viejos. Yo ya no era un pibe tampoco un grandulón y las personas que se acercaban hasta la puerta de casa eran verdaderos personajes. Un día, le decía, apreció un norteamericano que quería hablar con mi padre. Mi vieja lo hizo esperar en el patio unos momentos y al rato apareció mi viejo que, por si no le conté, se dedicaba a administrar un bar en la avenida Caseros. Resulta que al yanki lo habían engrupido y le habían dicho a este pobre hombre que mi viejo se dedicaba a la formación de cantantes de tango.Vio como son los norteamericanos, quería empezar ahí mismo pero a mi padre le costaba entenderlo un poco cuando el yanky se largó a contar pero le siguió el juego y para ganar tiempo lo mandó a estudiar castellano con una profesora, veterana, retirada del colegio Bernasconi. El tipo se llamaba John Jacob Klomitz, padres polacos suponíamos con mi viejo. Ahora, usted lo veía al tipo y podía ser todo menos cantante de tango. No era muy alto, más bien retacón y con el acento arrastraba las palabras. Entonces decía, por ejemplo, "¿Tangou?, me gusto musho" y era medio disparate, realmente, pero se lo tomó en serio y fue a estudiar castellano con la veterana.
En el bar se hicieron un festín cuando mi viejo comenzó a contarles. Se lo habían mandado los muchachos porque el yanky, que había venido a trabajar en una multinacional y parecía que se iba a quedar a vivir para siempre, quería ser un verdadero tanguero. Según me contó uno de los muchachos del bar, al gringo ese lo habían llevado a ver a Julio Sosa y parece que le pegó tanto la voz y la pinta del "varón del tango" que inmediatamente quiso ser como él, o al menos tratar de imitarlo para no ser exagerados.
Mi padre en tanto se tomó su fama en serio y aceptó el desafío. Habló con la profesora veterena para ver como iba el gringo en sus progresos con el idioma pero la mujer fue la primera en desorientarse al notar que el hombre ponía voluntad pero no avanzaba demasiado. Mi viejo le propuso ser directos y enseñarle fonética. Para eso se puso de acuerdo con la veterana y mi viejo me hizo copiar en la máquina de escribir cinco letras de tango para ese hombre.
Claro que iban pasando los meses y el tipo seguía con eso del "Tangou" y mi viejo se agarraba la cabeza con resignación. "Es lo mismo que enseñarte matemática a vos" me dijo un día enojado.
A todo esto quiero contarle que el tipo pagaba sus clases de fonética religiosamente en dólares, lo cual era todo una novedad en aquellos años. Cuando la profesora consideró que estaba más o menos listo para empezar con mi viejo, el yanky seguía igual o peor que antes. Mire, no se porque ocurre pero lo primero que se aprende de un idioma son las puteadas. El yanky no fue la excepción y a medida que mi viejo intentaba e intentaba fabricar un tanguero extranjero, el yanky,algo agrandado, le decía: "Me foy a folfer putou con tantas palaebras"
Pobre hombre, me da pena, mientras le cuento. No se ría. Igualmente el tipo dale y dale con que quería cantar tango. Para fin de año sucedió un evento inolvidable. La multinacional donde trabajaba el tipo organizaba un festejo a todo trapo. El yanky, que se jugaba entero, invitó a todo el mundo a su primera presentación como cantante. Invitó a los muchachos del bar, a la profesora y a mi viejo que, no se porqué no quiso ir con mi vieja,me llevó a mí. Fué un festejo increíble, había buena comida, sorteos de electrodomésticos (me gané un secador que en esos años era novedad pero si usted lo viese ahora me diría que es una garrafa), magos, un par de humoristas y el gran número: nuestro amigo, que era gerente de no se que cosa y se anunciaba como " Juancito Caseros, de EE.UU para la Argentina" Mi padre cuando escuchó eso se la vió venir. Me dijo: rajemos, acá están fritos con éste". Pero era tarde. Las luces se apagaron, se corrió el telón negro, se encendió una pequeña luz, aparecieron dos guitarristas, un pianista y luego el "Juancito Caseros" que tomó el micrófono y emocionado nos dijo: "El tangou es para mí una mousica muy bonitaa. ¡Tangou, biutiful miusic, tu for for, de calid ritmic of the world! Para oustedes foy a cantar "Mi boenosaires querito"
Un horror.
Creo que nunca más lo volvimos a ver.
Un blues de 2x4

Hay dos maneras de entender el tango, pibe. Una es la música y ahí están los que lo bailan, los milongueros, esos señores que aún hoy parecen de fábula, huídos de otras memorias. Porque en Buenos Aires las milongas se han puesto de moda hace un rato largo. La bailan los empilchados y los que van en zapatillas y también a los hombres que le gustan bailar con otros hombres, so pretexto que en allá lejos y hace tiempo también la bailaron los tipos. A mí déjeme con lo que conozco porque si bien yo nunca fui de los que bailaban, en mi tiempo, ir a ver a una orquesta era un lujo, todo un acontecimiento y bailar, lo que se dice bailar, la bailaban los hombres y mujeres que le sacaban viruta al piso. La otra manera de entenderlo son las canciones y ahí le pongo a los poetas y al resto de la fauna. Si usted se fija, de Gardel y Razzano hasta que llegan De Caro y Cobián a inventar las orquestas y fijar el tango en una unidad musical de muchas formas, ha pasado mucha agua bajo el puente.
Además, el tango ya ha sido aceptado, es la música de la ciudad, de los abajo y de los de arriba, sin orillas. Entonces, gracias a estos muchachos el tango encuentra en la orquesta un juego distinto con más variantes musicales. Estamos en presencia del sexteto, de los dos bandoneones, piano, dos violines y contrabajo, parafraseando a los del fútbol un auténtico, 4-2-4 como el Brasil del 70, el de Pelé, ¿Me sigue,no? Esa la formación más típica del tango. Ya no será como era antes donde había intuitivos y aventureros desde ese momento llegó el turno de los virtuosos, de los que estudiaban la música y escribían las partituras.
Para mí Cobián era Pelé. Se adelanta a todo, sabe, mete cambios en la estructura musical cuando se le ocurren los "adornitos" y los usa en su música. Pero más que nada, era un instrumentista muy fino para ejecutar, un verdadero habilidoso.
Las pocas fotos que hay de él lo muestran prolijo, con su bigotito de época bien recortado. Se vestía de frac y siempre tenía un vaso de whisky y un cigarrillo. Un señor, realmente. Seguramente trasnochador, bohemio y mujeriego. Ya le conté que se fue a los EE.UU detrás de una mujer y el amor lo instala en Nueva York, como Gardel primero y Piazzolla después, y entonces consigue laburo como pianista en la Calle 54. ¿Está mal si le digo que a veces el tango parece un blues con bandoneón? Imagíneselo: una noche en un club de Nueva York, un trompetista gordo y demasiado talentoso con su instrumento brillando en el humo, un baterista abstracto y rítmico, un guitarrista negro y concentrado, un blues que ameniza y Juan Carlos Cobián con su notas suaves y seguras llevando la melodía. ¿Porque no, Nostalgias? Si parece un blues:
Quiero emborrachar mi corazón
para apagar un loco amor
que más que amor es un sufrir...
Y aquí vengo para eso,
a borrar antiguos besos
en los besos de otras bocas...
Si su amor fue "flor de un día"
¿porqué causa es siempre mía
esa cruel preocupación?
Quiero por los dos mi copa alzar
para olvidar mi obstinación
y más la vuelvo a recordar.
Es un hombre de soledades, de amores tan ilusorios como vencidos. El alcohol lo inspira pero lo amarga también, es un amigo que se va cuando viene la mala, un piano enorme que no suena cuando el silencio amenaza en la resaca. La letra es, otra vez de Cadícamo pero fíjese, pibe, que la música que diseñó Cobián es tan poderosa como la letra. Ese fenómeno es propio del tango quizás existan otras músicas que den esa sensación de encaje pero ninguna como la contundencia y la precisión que tiene la música de la ciudad. A veces pienso que si el futuro tuviese una música clásica, esa sería la del tango.
Nostalgias
de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca
como un fuego su respiración.
Angustia
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado
pronto... pronto le hablará de amor...
¡Hermano!
Yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no puedo más vivir...
Desde mi triste soledad veré caer
las rosas muertas de mi juventud.
A mí me gusta "Nieblas del Riachuelo", es uno de mis tangos predilectos. Hay una evocación y un retrato de tristezas en esa canción. Cadícamo lo advirtió como si lo hubiese escrito de un tirón, como si sus ojos fuesen una cámara de registros y sensaciones porque si usted cierra los suyos, pibe, y escucha, podrá ir hasta esos tiempos donde los personajes son una "triste caravana sin destino ni ilusión". También ahí, en ese tango, se advierte cierto aire de blues, una melancolía musical cuyo perfume mezcla las influencias transformadoras de este hombre tan talentoso llamado Juan Carlos Cobián.
Turbio fondeadero donde van a recalar,
barcos que en el muelle para siempre han de quedar...
Sombras que se alargan en la noche del dolor;
náufragos del mundo que han perdido el corazón...
Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar,
barcos carboneros que jamás han de zarpar...
Torvo cementerio de las naves que al morir,
sueñan sin embargo que hacia el mar han de partir..
El hombre había nacido en Pigüe, provincia de Buenos Aires, el último día de mayo de 1896. En su casa había un piano que tocaba su hermana. Luego vinieron los estudios en el conservatorio, las músicas de Debussy bailándole en los oídos. Pisa la Capital en 1913 y se gana la vida trabajando en una cervecería alemana y como pianista en varios cines, porque antes el sonido a las películas mudas lo ponían los músicos. En 1916, forma un trío con "El tigre" Eduardo Arolas
y Tito Rocatagliatta en violín. Tocan el cabaré "Montmartre" donde también cantó la primera mujer que se le animó al tango: Pepita Avellaneda.
Los años pasan. Las yuntas musicales parecen de antología porque toca con Osvaldo Fresedo, Pedro Maffia y Julio de Caro entre muchos, claro, y cuando armó una orquesta lo tuvo de vocalista a Francisco Florentino. Parece un seleccionado.
Un dato más: Cobián vuelve de los EE.UU en 1928. Se dice que sus líos de polleras se habían ampliado y habían entrado gangsters en el medio pero eso incomprobable, ¿No? como la otra versión que dice que se volvió a la patria muy molesto de tomar whisky "trucho" porque la ley seca imperaba en esos años por aquellos lados. El ambiente de tango siempre fui complicado mi amigo aquí y donde se lo llevasen puesto.
Es otro de los que se van temprano, muere joven. Como los futbolistas sabios, el hombre se retiró por voluntad y se recluyó en un pequeño departamento en la calle Montevideo. Tenía 57 años el 10 de diciembre de 1953 cuando se fue.
Ahora usted me pregunta si Cobián fue Pelé ¿Quién fue el Maradona de todo este asunto? Mire, es una pregunta jodida. Si, ya se que me metí solito en este baile pero si de talento se trata yo creo que el otro fue Astor. Si, también se que para muchos es una barbaridad lo que estoy diciendo pero es lo que opino y usted preguntó. Otros le van a decir De Caro, Fresedo y muchos más. Le repito esos eran para bailar. Yo era de lo que escuchaban y hablando de bailes, para que vea que no le arrugo en polémicas, le digo una última cosa que quizás usted haya escuchado alguna vez, "el que baila nunca toca", Bueno, yo soy y seré de esos, de los que nunca bailaron.
miércoles 28 de octubre de 2009
Uno
"Era el perno del humorismo porteño, engrasado por la angustia..."lunes 26 de octubre de 2009
Vicios
Una de las cosas que más me molestan de la modernidad es que no dejen fumar más en los bares, si las cosas siguen así dentro de poco a algún funcionario se le va a ocurrir que tampoco se podrá tomar mate ¿No le parece? En otra época, hace muchos años, el vicio era cosa de elegidos. No cualquiera. Mire sino: ¿Usted sabe por qué a la cocaína se le dice "merca"? viernes 23 de octubre de 2009
miércoles 21 de octubre de 2009
Cero
Pepe está acodado sobre la mesa del bar. Trajo una carpetas con recortes viejos. Algunos están marcados con resaltador. Otros vuelve a leerlos como por primera vez, asombrado. Al costado de su lectura hay un pocillo vacío y en el resto del bar, poco movimiento. Hay un hombre con su barba de varios días hablando en silencio. Una pareja, quizás compañeros de trabajo. Al rato una señora mayor, muy bajita, desparrama peines, agujas y curitas sobre las mesas y también en las vacías. El mozo del lugar mira la televisión situada en el vértice de la entrada entre la puerta y la pared. El canal de noticias cuenta de un crimen a sangre fría en el sur bonaerense mientras de fondo suena una música que espantaría cualquier fantasma.
