viernes 6 de noviembre de 2009

Para escuchar (Amablemente)

jueves 5 de noviembre de 2009

El Yanky

Un día tocaron el timbre de casa. Le estoy hablando de hace mucho tiempo, en Parque Patricios, en la casa de mis viejos. Yo ya no era un pibe tampoco un grandulón y las personas que se acercaban hasta la puerta de casa eran verdaderos personajes. Un día, le decía, apreció un norteamericano que quería hablar con mi padre. Mi vieja lo hizo esperar en el patio unos momentos y al rato apareció mi viejo que, por si no le conté, se dedicaba a administrar un bar en la avenida Caseros. Resulta que al yanki lo habían engrupido y le habían dicho a este pobre hombre que mi viejo se dedicaba a la formación de cantantes de tango.
Vio como son los norteamericanos, quería empezar ahí mismo pero a mi padre le costaba entenderlo un poco cuando el yanky se largó a contar pero le siguió el juego y para ganar tiempo lo mandó a estudiar castellano con una profesora, veterana, retirada del colegio Bernasconi. El tipo se llamaba John Jacob Klomitz, padres polacos suponíamos con mi viejo. Ahora, usted lo veía al tipo y podía ser todo menos cantante de tango. No era muy alto, más bien retacón y con el acento arrastraba las palabras. Entonces decía, por ejemplo, "¿Tangou?, me gusto musho" y era medio disparate, realmente, pero se lo tomó en serio y fue a estudiar castellano con la veterana.
En el bar se hicieron un festín cuando mi viejo comenzó a contarles. Se lo habían mandado los muchachos porque el yanky, que había venido a trabajar en una multinacional y parecía que se iba a quedar a vivir para siempre, quería ser un verdadero tanguero. Según me contó uno de los muchachos del bar, al gringo ese lo habían llevado a ver a Julio Sosa y parece que le pegó tanto la voz y la pinta del "varón del tango" que inmediatamente quiso ser como él, o al menos tratar de imitarlo para no ser exagerados.
Mi padre en tanto se tomó su fama en serio y aceptó el desafío. Habló con la profesora veterena para ver como iba el gringo en sus progresos con el idioma pero la mujer fue la primera en desorientarse al notar que el hombre ponía voluntad pero no avanzaba demasiado. Mi viejo le propuso ser directos y enseñarle fonética. Para eso se puso de acuerdo con la veterana y mi viejo me hizo copiar en la máquina de escribir cinco letras de tango para ese hombre.
Claro que iban pasando los meses y el tipo seguía con eso del "Tangou" y mi viejo se agarraba la cabeza con resignación. "Es lo mismo que enseñarte matemática a vos" me dijo un día enojado.
A todo esto quiero contarle que el tipo pagaba sus clases de fonética religiosamente en dólares, lo cual era todo una novedad en aquellos años. Cuando la profesora consideró que estaba más o menos listo para empezar con mi viejo, el yanky seguía igual o peor que antes. Mire, no se porque ocurre pero lo primero que se aprende de un idioma son las puteadas. El yanky no fue la excepción y a medida que mi viejo intentaba e intentaba fabricar un tanguero extranjero, el yanky,algo agrandado, le decía: "Me foy a folfer putou con tantas palaebras"
Pobre hombre, me da pena, mientras le cuento. No se ría. Igualmente el tipo dale y dale con que quería cantar tango. Para fin de año sucedió un evento inolvidable. La multinacional donde trabajaba el tipo organizaba un festejo a todo trapo. El yanky, que se jugaba entero, invitó a todo el mundo a su primera presentación como cantante. Invitó a los muchachos del bar, a la profesora y a mi viejo que, no se porqué no quiso ir con mi vieja,me llevó a mí. Fué un festejo increíble, había buena comida, sorteos de electrodomésticos (me gané un secador que en esos años era novedad pero si usted lo viese ahora me diría que es una garrafa), magos, un par de humoristas y el gran número: nuestro amigo, que era gerente de no se que cosa y se anunciaba como " Juancito Caseros, de EE.UU para la Argentina" Mi padre cuando escuchó eso se la vió venir. Me dijo: rajemos, acá están fritos con éste". Pero era tarde. Las luces se apagaron, se corrió el telón negro, se encendió una pequeña luz, aparecieron dos guitarristas, un pianista y luego el "Juancito Caseros" que tomó el micrófono y emocionado nos dijo: "El tangou es para mí una mousica muy bonitaa. ¡Tangou, biutiful miusic, tu for for, de calid ritmic of the world! Para oustedes foy a cantar "Mi boenosaires querito"
Un horror.
Creo que nunca más lo volvimos a ver.

Un blues de 2x4


Hay dos maneras de entender el tango, pibe. Una es la música y ahí están los que lo bailan, los milongueros, esos señores que aún hoy parecen de fábula, huídos de otras memorias. Porque en Buenos Aires las milongas se han puesto de moda hace un rato largo. La bailan los empilchados y los que van en zapatillas y también a los hombres que le gustan bailar con otros hombres, so pretexto que en allá lejos y hace tiempo también la bailaron los tipos. A mí déjeme con lo que conozco porque si bien yo nunca fui de los que bailaban, en mi tiempo, ir a ver a una orquesta era un lujo, todo un acontecimiento y bailar, lo que se dice bailar, la bailaban los hombres y mujeres que le sacaban viruta al piso. La otra manera de entenderlo son las canciones y ahí le pongo a los poetas y al resto de la fauna. Si usted se fija, de Gardel y Razzano hasta que llegan De Caro y Cobián a inventar las orquestas y fijar el tango en una unidad musical de muchas formas, ha pasado mucha agua bajo el puente.

Además, el tango ya ha sido aceptado, es la música de la ciudad, de los abajo y de los de arriba, sin orillas. Entonces, gracias a estos muchachos el tango encuentra en la orquesta un juego distinto con más variantes musicales. Estamos en presencia del sexteto, de los dos bandoneones, piano, dos violines y contrabajo, parafraseando a los del fútbol un auténtico, 4-2-4 como el Brasil del 70, el de Pelé, ¿Me sigue,no? Esa la formación más típica del tango. Ya no será como era antes donde había intuitivos y aventureros desde ese momento llegó el turno de los virtuosos, de los que estudiaban la música y escribían las partituras.

Para mí Cobián era Pelé. Se adelanta a todo, sabe, mete cambios en la estructura musical cuando se le ocurren los "adornitos" y los usa en su música. Pero más que nada, era un instrumentista muy fino para ejecutar, un verdadero habilidoso.

Las pocas fotos que hay de él lo muestran prolijo, con su bigotito de época bien recortado. Se vestía de frac y siempre tenía un vaso de whisky y un cigarrillo. Un señor, realmente. Seguramente trasnochador, bohemio y mujeriego. Ya le conté que se fue a los EE.UU detrás de una mujer y el amor lo instala en Nueva York, como Gardel primero y Piazzolla después, y entonces consigue laburo como pianista en la Calle 54. ¿Está mal si le digo que a veces el tango parece un blues con bandoneón? Imagíneselo: una noche en un club de Nueva York, un trompetista gordo y demasiado talentoso con su instrumento brillando en el humo, un baterista abstracto y rítmico, un guitarrista negro y concentrado, un blues que ameniza y Juan Carlos Cobián con su notas suaves y seguras llevando la melodía. ¿Porque no, Nostalgias? Si parece un blues:

Quiero emborrachar mi corazón

para apagar un loco amor

que más que amor es un sufrir...

Y aquí vengo para eso,

a borrar antiguos besos

en los besos de otras bocas...

Si su amor fue "flor de un día"

¿porqué causa es siempre mía

esa cruel preocupación?

Quiero por los dos mi copa alzar

para olvidar mi obstinación

y más la vuelvo a recordar.

Es un hombre de soledades, de amores tan ilusorios como vencidos. El alcohol lo inspira pero lo amarga también, es un amigo que se va cuando viene la mala, un piano enorme que no suena cuando el silencio amenaza en la resaca. La letra es, otra vez de Cadícamo pero fíjese, pibe, que la música que diseñó Cobián es tan poderosa como la letra. Ese fenómeno es propio del tango quizás existan otras músicas que den esa sensación de encaje pero ninguna como la contundencia y la precisión que tiene la música de la ciudad. A veces pienso que si el futuro tuviese una música clásica, esa sería la del tango.

Nostalgias

de escuchar su risa loca

y sentir junto a mi boca

como un fuego su respiración.

Angustia

de sentirme abandonado

y pensar que otro a su lado

pronto... pronto le hablará de amor...

¡Hermano!

Yo no quiero rebajarme,

ni pedirle, ni llorarle,

ni decirle que no puedo más vivir...

Desde mi triste soledad veré caer

las rosas muertas de mi juventud.

A mí me gusta "Nieblas del Riachuelo", es uno de mis tangos predilectos. Hay una evocación y un retrato de tristezas en esa canción. Cadícamo lo advirtió como si lo hubiese escrito de un tirón, como si sus ojos fuesen una cámara de registros y sensaciones porque si usted cierra los suyos, pibe, y escucha, podrá ir hasta esos tiempos donde los personajes son una "triste caravana sin destino ni ilusión". También ahí, en ese tango, se advierte cierto aire de blues, una melancolía musical cuyo perfume mezcla las influencias transformadoras de este hombre tan talentoso llamado Juan Carlos Cobián.

Turbio fondeadero donde van a recalar,

barcos que en el muelle para siempre han de quedar...

Sombras que se alargan en la noche del dolor;

náufragos del mundo que han perdido el corazón...

Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar,

barcos carboneros que jamás han de zarpar...

Torvo cementerio de las naves que al morir,

sueñan sin embargo que hacia el mar han de partir..

El hombre había nacido en Pigüe, provincia de Buenos Aires, el último día de mayo de 1896. En su casa había un piano que tocaba su hermana. Luego vinieron los estudios en el conservatorio, las músicas de Debussy bailándole en los oídos. Pisa la Capital en 1913 y se gana la vida trabajando en una cervecería alemana y como pianista en varios cines, porque antes el sonido a las películas mudas lo ponían los músicos. En 1916, forma un trío con "El tigre" Eduardo Arolas

y Tito Rocatagliatta en violín. Tocan el cabaré "Montmartre" donde también cantó la primera mujer que se le animó al tango: Pepita Avellaneda.

Los años pasan. Las yuntas musicales parecen de antología porque toca con Osvaldo Fresedo, Pedro Maffia y Julio de Caro entre muchos, claro, y cuando armó una orquesta lo tuvo de vocalista a Francisco Florentino. Parece un seleccionado.

Un dato más: Cobián vuelve de los EE.UU en 1928. Se dice que sus líos de polleras se habían ampliado y habían entrado gangsters en el medio pero eso incomprobable, ¿No? como la otra versión que dice que se volvió a la patria muy molesto de tomar whisky "trucho" porque la ley seca imperaba en esos años por aquellos lados. El ambiente de tango siempre fui complicado mi amigo aquí y donde se lo llevasen puesto.

Es otro de los que se van temprano, muere joven. Como los futbolistas sabios, el hombre se retiró por voluntad y se recluyó en un pequeño departamento en la calle Montevideo. Tenía 57 años el 10 de diciembre de 1953 cuando se fue.

Ahora usted me pregunta si Cobián fue Pelé ¿Quién fue el Maradona de todo este asunto? Mire, es una pregunta jodida. Si, ya se que me metí solito en este baile pero si de talento se trata yo creo que el otro fue Astor. Si, también se que para muchos es una barbaridad lo que estoy diciendo pero es lo que opino y usted preguntó. Otros le van a decir De Caro, Fresedo y muchos más. Le repito esos eran para bailar. Yo era de lo que escuchaban y hablando de bailes, para que vea que no le arrugo en polémicas, le digo una última cosa que quizás usted haya escuchado alguna vez, "el que baila nunca toca", Bueno, yo soy y seré de esos, de los que nunca bailaron.

miércoles 28 de octubre de 2009

Uno

"Era el perno del humorismo porteño, engrasado por la angustia..."
(Nicolás Olivari)


El último día los pensamientos se le hicieron claros, transparentes, pero ya era tarde. Todos los sentimientos le habían fumado la existencia, esa tan intensa, y las convicciones de su anarquismo de juventud transformadas en su peronismo de acciones y traiciones ajenas, le profundizaron la tristeza con lo cual sus desgarros se vistieron de luto con sus poesías de sombrero y sus tangos estrujados hasta la eternidad.
Había ido hasta el sillón junto a la ventana. Diciembre trajo las fiestas con calor pero él tenía frío. Un frío que venía a buscarlo y él con las valijas sin preparar. Pensó que los planes nunca sirvieron para nada porqué todo es efímero. Los planes más soñados, tampoco. Clavó una de sus últimas miradas hacia la calle y pensó en el destino trágico y joven de Arolas, en Gardel y sus músicos mientras subían al avión, en la locura de Pascual Contursi enajenada y encerrada en un barco que lo trajo de regreso.
Después giró la cabeza y vió el vaso de whisky que había quedado por la mitad con los pedacitos de ajo que navegaban como aquella locura, como las mil y una noches, como su noche triste. Atormentado por la distancia de su hijo en México en silencio se repetía "Yo aquí celebrando y el chico sólo.." la culpa le dolía y no había remedio. Los médicos no le encontraban nunca nada y en joda le decía a sus amigos "Estoy tan flaco que las inyecciones me las tienen que dar en el sobretodo". Su cuerpo frágil pesaba 37 kilos, las palabras se le iban. El sabía que se iba.
Desde el sillón, sus ojos aún alcanzaban a ver la Avenida Callao y los movimientos de la gente que preparaba las fiestas con regalos y paquetes. Nada lo animó. Nada, ni la idea de irse con Tania a Pinamar los primeros días de enero, ni el éxito que llevaba encima por las calles de la ciudad. Frío hacía en Europa para esa época, no en Buenos Aires. Y sabía, él sabía que la mujer que viene a buscarte a lo último estaba por llegar, sabía que había entrado sin tocar el timbre ni anunciarse a los que estaban con él, y tenía miedo, miedo que lo mordiera como muerden los desesperados. Iba a dejarse llevar, iba a dejarse morder por esa mujer final tan sensual como la sorpresa vieja. Le pidió a Tania un abrigo.
Se dejó caer, hundió los huesos en el sillón mientras las luces de la ciudad se le apagaban dentro de sus ojos y un último pensamiento se le cruzó como una brisa, porqué sabía que era el rey, el poeta rebelde y triste, el rey del dolor del alma y entonces pensó que después de eso venía la coronación, la consagración.

"Como los criminales,como los novios y como los cobradores yo regreso siempre. Y ya ven: somos la mueca de lo que soñamos ser. Escribo tangos porque me atrae su ritmo. Lo siento con la intensidad de muy pocas otras cosas. Su síntesis es un desafío que me provoca y que yo acepto complacido, aun a riesgo de los malos ratos que paso gestándolos.¡Decir tantas cosas en tan corto espacio! ¡Qué difícil y que lindo! Me subyuga esa lucha. Dicen que sacrifico la línea melódica en homenaje a la letra y están en un error. Yo rompo de intento la imagen musical trazada. Me lo exige una necesidad. Quiero que la música diga lo que luego aclararán aún mas las palabras. Una canción popular debe ser el problema de uno padecido por muchos.
No creerán los que oyen mis tangos , lo poco que se de música. Al piano apenas le saco cuatro notas. Aprendí violín un año y medio y nunca pude tocar ni medianamente bien. Y, desde luego,no se escribir música. Entonces cuando un tango me empieza a silbar en el oído, salgo corriendo a buscar un amigo que lo escriba. Muchas veces no lo encuentro enseguida. Y aquí empieza la desesperación para que esas notas que de repente se me han presentado, porque es así, se me han presentado, no se me vayan, y empiezo a cantarlas y sigo catándolas en voz alta , aunque vaya por la calle y todos se paren a mirarme como a un loco, aunque esté en un café y de todas las mesas se vuelvan hacía mí. En ese momento nada me importa. Lo único que me preocupa es que no se me escape mi tango,retenerlo con el canto hasta que me lo vengan a atar a la escritura.
El origen del tango es siempre la calle. Por eso voy por la ciudad tratando de entrar en su alma, imaginando en mi sensibilidad lo que ese hombre o esa muchacha que pasan quisieran escuchar lo que cantarían en un momento feliz o doloroso de sus vidas. Porque el público no es un juez, es la suprema corte que no admite apelación.
Negar que he deseado ser querido sería una impostura. Lo he soñado, lo he padecido y lo sufro con agrado. Siempre he deseado que me quisieran, aunque esta aspiración no conduzca jamás a buenos resultados comerciales (...)soy de los que quieren sin discriminar a la guía telefónica entera. Quiero a los que me saludan y quiero hasta a los que me estafan.
Una vez, un periodista me preguntó: ¿Es usted feliz? Casi estaría por creerlo, le respondí. Es que yo soy un arlequín que salta y baila para ocultar su corazón lleno de pena.
Una vez de viaje por Chile, aprendí algunas cosas, aunque a mi edad es difícil aprender cosas nuevas. Conocí en Santiago mucha gente interesante hasta un personaje que inventaba palabras. A las cosas feas les ponía nombres lindos. Recuerdo que había inventado una palabra para declararle el amor a una mujer. En lugar de todas esas pavadas difíciles y engorrosas que decimos los hombres en semejantes circunstancias, él lo arreglaba todo con una palabrita casi milagrosa Tangalimilingo. Raro ¿Verdad? Pero lindo al mismo tiempo. ¿No es un oficio hermoso ese de fabricar palabras?
De Tania y de mí se han dicho montones de cosas. Me gusta esa que dijo Troilo, que lo nuestro era "tan espinoso como acariciante" pero si vos me vieses desnudo, la comprenderías a ella. Que susto me daría si un día me veo al espejo y me descubro gordo. Para darme una inyección el médico tiene que traer un bife para encontrar carne, porqué a mí la ropa me queda bien por "los escarbadientes" como le digo a las piernas que tengo.
En 1947, después que se estrenó el tango "Uno" estaba raro, no sé en realidad que diablos me pasaba. Me había entrado de pronto una melancolía inexplicable. Yo, que generalmente tengo buen humor, estaba insoportable. ¡Quería pelearme con todo el mundo...! ¡Fue una temporada terrible! En casa, un poco alarmados llamaron a un médico. No tenía nada, estaba sano. El médico, pobrecito, me aconsejó lo de siempre: que dejara de fumar, que dejara de beber, que dejara de acostarme tarde...Y yo seguí fumando, bebiendo,acostándome tarde. Porque lo que yo tenía era vejez, cansancio...Cansancio de de vivir...Estaba raro. Era cansancio de todo. En ese momento me hubiese gustado hablar de otra manera, respirar de otra manera, caminar al revés, que se yo. Me molestaba el tránsito, las bocinas, lo gritos de los vendedores ¿Que era eso? En el fondo y en esencia era hartazgo.
La mayor miseria no es la del pan. Hay una miseria igual, en veinte estados del hombre. En la vida de relación, en la esperanza, en el amor frustrado. Y cuando se percibe y se padece, va minando, va destruyendo, desolando. Yo soy un hombre de grandes amores. Y el hombre que ama con la nobleza con que yo amo siempre, y se que hay millones como yo, tiene fatalmente caídas en la desesperación profunda, como la que yo tuve con el tango "Uno" canción que respeté en su salvajismo poético, con el respeto que merecen los caídos cuando pasan lista.
Y así como la variante de un número cambia la suma, la vida de un hombre moderno, hermosa y trágica, es un juego de ilusión y de agonías que desgastan la esperanza, lo sabido, lo deseado, lo querido. Porque no hay nada que sea tan horrendo como no creer. Ni tan triste, ni tan hondo.
Es como un pozo profundo de todos los sueños.
Recuerdo aquel estado especial de mi espíritu para justificar esa amargura de "Uno" que muchos amigos me dijeron que resultaba tremenda y desoladora. Tal vez tengan razón pero yo estuve muchas veces "solo en mi dolor" y "ciego en mi penar" y aquello de "punto muerto de las almas" no es pura invención literaria.
¡Parece mentira cuantas veces se muere uno!"

lunes 26 de octubre de 2009

Vicios

Una de las cosas que más me molestan de la modernidad es que no dejen fumar más en los bares, si las cosas siguen así dentro de poco a algún funcionario se le va a ocurrir que tampoco se podrá tomar mate ¿No le parece? En otra época, hace muchos años, el vicio era cosa de elegidos. No cualquiera. Mire sino: ¿Usted sabe por qué a la cocaína se le dice "merca"?
La "blanca" se vendía en las farmacias así como le digo. Venía en una cajita de lata muy pintoresca y la usaban para los resfríos, imagínese, era de los laboratorios "Merk"que por esas cosas nuestras le transformamos la última letra en el sentido de separarla de la palabra inicial para hacer una nueva palabra, o sea, "merca". Igualmente, en aquellos tiempos se la conocía como "cocó" aunque algunos compatriotas que viajaban a París también le decían "pris" que viene del francés prise que se usaba para referirse a esa pequeña cantidad de blanca que la muchachada se metía en la nariz. Acá y allá, claro.
La frase más conocida es de un tango "Tiempos viejos", de Manuel Romero y Francisco Canaro, que refiere:

"Te acordás hermano, ¡qué tiempos aquellos!
eran otros hombres, más hombres los nuestros
no se conocía cocó ni morfina
los muchachos de antes no usaban gomina"

No es la mejor, en mi opinión. Me recuerda a esa frase que se decía hasta hace pocos años y que algunos marmotas pegaban como calcomanía en los autos que decía "Los ganadores no usan drogas" pero en inglés.
A veces pienso que la cosa es como antes. Tiempos de malaria. Muchos viven buscando válvulas de escape y ahí tiene, ahora, lo que se le ocurra, pastillas, drogas artificiales, fabricadas con requechos del proceso que hacen para vender, porquerías y muchas cosas más. Lo que ha cambiado es la calidad, no tenga dudas. En todo aspecto. No se si todo pasado fue mejor, si se que en otros momentos hubo otras calidades.
En eso el tango además de la música era la foto de aquellos años. Quiero decirle: en las canciones estaba la mezcla. "Brecas", noche, personajes, vicios, drogas y putas. Hay un tango que lo cuenta bien. Se llama "Una noche en El Garrón". Manuel Pizarro hizo la música. No es un dato menor, era un bandoneonista que regenteaba el lugar y junto a Luis Garrós Pierotti quien le puso los versos, dejaron una muestra de cómo era el asunto que a muchos le parece novedad noventa años después. Es la historia de una chica, la milonga, que engrupió a un tipo que la conoció en el cabaré. La mina "progresó" con un "cafishio" que la llevó a dónde estaba la plata, a las altas esferas pero la chica, parece, se pasa de vueltas con el vicio, y el tipo la abandona. El tango dice:

"...la coca te ha vuelto loca
tu amigo ya se piantó
pobre milonga francesa
la conocí en el Garrón"

Si el golpe del treinta, como le conté antes, es un bisagra para el país también lo es para el tango. "Acquaforte" fue uno de esos temas que hizo vanguardia en todo sentido porqué fue prohibido durante esa década infame. Cuenta la historia de un tipo harto de la vida nocturna. Si me permite, parece una continuación de los versos anteriores porqué aflora el resentimiento y la tristeza, el paso de los años y la resignación.

"Las pobres milongas dopadas de besos
me miran extrañas con curiosidad
ya no me conocen, estoy sólo y viejo
Que triste es todo esto, quisiera llorar"

Ya sé que no habla específicamente de las drogas. Aquí se junta la esencia de la época con la música. El tipo está abandonado, la soledad es una droga pesada ¿No le parece, pibe? El tango gira con eso hasta hacerlo un verdadero culto con el hombre sólo, abandonado o traicionado por el alma femenina. El mundo es viejo y nosotros también que creemos que todo es nuevo.
Cuando Cadícamo escribió "Che papusa..oí.." sabía muy bien lo que quería decir. Don Enrique era un perfecto cronista de la vida y de sus viajes. Conocía muy bien cada cosa que escribía. Ese tema cuenta, obviamente, la historia de una chica que además de bonita era"una muñequita de parla afranchutada, de más "chiqué con ojos de pippermint, trajeada de bacana, la chica bailaba con corte y por raro snobismo tomaba "prisé".
Ya que estamos "Los Mareados" ¿No? Obra de Juan Carlos Cobián y el antes mencionado Cadícamo. Me río porqué Cobián fue todo un personaje. Este hombre tocó con Arolas, acompañó a Pepita Avellaneda la primera mujer que cantó tango, después integró el sexteto de Osvaldo Fresedo y entre otros músicos compartió escenario con gigantes como Pedro Maffia y Julio De Caro. Cobián era un mujeriego a toda hora. Cuentan por ahí que fugó a los Estados Unidos detrás de una mujer. El tipo, si era necesario, se agarraba a las trompadas en esas cuestiones y era tan talentoso con el piano que era capaz de tocar en un club de jazz, como de componer en sus horas libres un tema como "Nostalgias", por ejemplo.
Resulta que Cobián, en el año 1922, había compuesto un tema para una obra de teatro de Raúl Doblas y Alberto Weisbach. La obra se llamaba "Los Dopados" y el tema, igual. La obra como le dije, se estrenó ese año pero el tango se grabó en el 24 por un tal Roberto Díaz. Cuando salió publicado no fue un éxito precisamente. Se perdió como tantos otros temas.
Pasaron veinte años hasta que un día el Gordo Troilo le lleva a Cadícamo una grabación de ese tema que también había hecho Fresedo. Pichuco suponía que el tango era instrumental y entonces le pide una letra. ¿Qué curioso, no? Fresedo y Troilo ignoraban o tal vez no conocían que el tema ya tenía una letra. El asunto es que el Gordo mete mano en los arreglos y lo presenta en el cabaré Tibidabo bajo el título de "Los mareados" y con la voz de Francisco Fiorentino.
Un año más tarde, en 1943, el gobierno militar lo censura pero además exige que se le cambie la letra. Cadícamo entonces escribe y escribe. Primero lo llamó "En mi pasado", luego tuvo otra que es la que conocemos y una tercera que vaya a saber dónde quedó.

"Esta noche, amiga mía, el alcohol nos ha embriagado
¡Qué importa que se rían y nos llamen Los mareados (los dopados)
Cada cual tiene sus penas y nosotros las tenemos.....
Esta noche beberemos porque no volveremos a vernos más"

Volvamos al vicio. ¿No me convida un rubio, pibe? Si, ya. El médico dice. Los médicos dicen tantas cosas que si les diera bola ya me hubiese muerto. Quédese tranquilo, me hago cargo. Es uno de los dos que fumo por día. Además, el encargado de este bar sabe que a esta hora siempre hay uno que prende un cigarrillo.
Hay otro tango de Manuel Pizarro llamado "Cocot de lujo" que describe muy bien todo esto que hablamos.

"Empilchada,la boca pintada, cepillo de dientes, las uñas lustradas
Hoy vive en Corrientes muy bien instalada, con baño caliente
como una Cocot, enviciada, tomando pavadas, porqué es deprimente
no andar endrogada, como anda la gente que es bien educada
Hasta hoy la olvidó quien la engendró"

Con vigencia hasta nuestros días, está el tango "Corrientes y Esmeralda" que lo cantó Carlitos Gardel antes del viaje fatal pero también hay unas versiones estupendas como la de Edmundo Rivero que para mí es la que más me gusta sin desmerecer a las de Roberto Chanel con la orquesta de Pugliese o la de Fiorentino con el conjunto de Piazzolla. Es un tango del 22, 1922, ya lo nombramos varias veces hoy, quizás haya que jugarlo. Lo escribió el "negro" Celedonio Esteban Flores.

"Esquina porteña, tu rante canguela
se hace una melange de caña, gin, fitz
pase inglés y monte, bacará y quiniela
curdelas de grapa y locas de pris"

Ahora cuando terminemos vamos hasta acá a la vuelta que hay una casa de loterías. ¿Vió que el tango dice quiniela? En fin, antes de irnos le traje algo. Es una letra muy vieja de un tango llamado "El tango de la cocaína" que fue parte de una obra de teatro, muy corta, llamada "Guignol en un acto". El tango ese fue escrito por Josep Amich y Joan Viladomat, que fue el mismo que compuso "Fumando espero". La obra se estrenó en Octubre de 1926 en el Teatro Español de Barcelona y durante años la cupleteras lo cantaron en su repertorio. Notará que es el más directo de todos.

"Soy una flor caída del vicio fatal,
esclava por el destino vencida...
¡Sola en el mundo,nacida del pecado
un desalmado me hizo mujer!

¡Y en la cocaína que otro mundo
me ilumina busco calma
para mí alma de mujer!
Ella endulzó la hiel de este dolor
que me hizo cruel

¡Cocaína!
¡Sé que al fin me ha de matar!
¡Me asesina!
pero calma mi pesar

Si me deja todo es sombra en mi vivir
Sé que al fin me ha de matar pero no me hace sufrir

Es un recuerdo de mi padre, que en paz descanse. Le encantaban esas canciones españolas aunque era muy italiano, mi madre sabía unas cuantas y a él le gustaba cuando mi vieja, cada tanto, las cantaba en nuestra vieja casa de Parque de los Patricios.
Cupletera famosa si quiere una, fue Tania la mujer de Discépolo, entre otras, por supuesto. Todo una época como los tangos prohibidos, la cocó y la mar en coche. De algo estoy seguro que aquellos muchachos del tango no se andaban con cosas pequeñas. El vicio era vicio y quien no sabía dominarlo a tocar el arpa sin escalas. Hubo muchos con esas cosas. Por supuesto quedaron los tangos.
¿El 22 en la quiniela es el loco,no? Está marcado. El destino está marcado sin que lo sepamos.
Hay que entender las señales y uno ya no es un jovencito. Vamos, pibe, junte sus cosas que lo tomamos lo anota el mozo que es un "gomía" nos vamos a la casa de loterías a jugarle a los locos estos del 22 y por las dudas también le ponemos unos mangos al 69, los vicios. Mire, si después de tanto hablar de ellos nos ganamos unos pesos. No nos vendría nada mal, ¿No?

viernes 23 de octubre de 2009

Para escuchar (De la Canilla)

miércoles 21 de octubre de 2009

Cero

Pepe está acodado sobre la mesa del bar. Trajo una carpetas con recortes viejos. Algunos están marcados con resaltador. Otros vuelve a leerlos como por primera vez, asombrado. Al costado de su lectura hay un pocillo vacío y en el resto del bar, poco movimiento. Hay un hombre con su barba de varios días hablando en silencio. Una pareja, quizás compañeros de trabajo. Al rato una señora mayor, muy bajita, desparrama peines, agujas y curitas sobre las mesas y también en las vacías. El mozo del lugar mira la televisión situada en el vértice de la entrada entre la puerta y la pared. El canal de noticias cuenta de un crimen a sangre fría en el sur bonaerense mientras de fondo suena una música que espantaría cualquier fantasma.
Pepe quiere confiarme sus memorias encarpetadas, sus recuerdos de juventud, la banda de sonido de sus años idos. Conoce de tangos, de la noche y de sus personajes y como me confesó: "No hay muchas personas a quienes les interese saber que me pasó con el tango"
Antes de sentarme frente a él, pienso que cuando uno se pone a escribir casi siempre lo hace sobre lo que ha pasado, un recorrido, una añoranza y hasta lo que imaginamos que podría haber ocurrido. No sé muy bien con que cosas iré a encontrarme cuando Pepe descubra sus memorias. El pasado siempre parece quieto. Parece.
La primera vez que nos vimos fue un hecho totalmente fortuito. El se encontraba en una mesa junto a tres amigos que charlaban apasionadamente sobre tango, orquestas y poetas. A mi, que estaba en el mismo bar pero en distinta mesa, me pareció un hecho fascinante que rápidamente me convirtió en un oyente totalmente involuntario del suceso. En principio, pensé se trataba de una de esas charlas "de otro tiempo", de aquellas épocas en que sobre las mesas de un bar se cambiaba el mundo o al menos se lo discutía. Debo confesar que soy de otra generación. El mundo ya estaba teledirigido y cambiado sólo que nosotros no lo sabíamos. Tan apasionada se puso aquella mesa, que sus integrantes levantaron la voz ,sin faltarse el respeto, para discutir sobre Piazzolla, si su música era tango, si no era, si era jazz o directamente, como dijo uno, "un enviado de dios y del diablo que tocaba el bandoneón"
Mientras la discusión continuaba y caían Pugliese, Julio Sosa y hasta nuestro Ray Charles del 2 x4, no pude resistir la tentación de meterme en ese juego. Es que durante años había escuchado historias parecidas y desgracias acontecidas sobre ciertos sujetos que incluyeron que un reconocido estudioso e intelectual del tango escribiese una enciclopedia sin siquiera haber nombrado a nuestro Ray Charles, hombre nacido en Bahía Blanca.
Entonces los muchachos me invitaron a su mesa y comenzaron a desgranar sus conocimientos y Pepe, lentamente, fue sacando sus papeles de un pequeño bolso que no había advertido mientras los escuchaba.
- El que sabe es Pepe, nosotros somos entusiastas nomás. Me dijo uno de ellos.
Hubo varios cafés más mientras Buenos Aires anochecía en una primavera que parecía invierno. Pepe, sin saberlo, se estaba convirtiendo en el relato de su memoria. Sobre la mesa se iban acumulando los papeles, cruzaba fechas y personajes y hasta supuso que me aburría escuchar lo que había empezado a contar. Sus amigos se fueron yendo de a poco porqué el bar parecía que cerraba. Convenimos en encontrarnos al día siguiente en el mismo lugar.
Mientras volvía a casa recordé que cuando cumplí cuarenta años, un ocasional compañero de trabajo me dijo: " Ahora te va a empezar a gustar el tango" También, mágicamente, se me vinieron a la cabeza las palabras de Mario, mi hermano elegido, que viviendo en la ciudad de México y durante su última visita al país me había pedido como un ruego que me pusiese a escribir sobre el tango. Era su pedido número cien en menos de dos años. Pero a mí no se me caía una idea que pudiese hilvanar otra y así hasta tener una historia.
Cuando llegué a casa me instalé en el estudio y junté los libros y los discos que tenía sobre la materia tango. Me sorprendí de la cantidad que había. En un momento de la madrugada que se había adueñado del tiempo, encontré la confluencia de las cosas. Tenía que hacerlo pero también tenía que estudiar y releer algunos libros que creía olvidados. Al día siguiente y tras una desfavorable jornada laboral que no merece detalles, me encontré con Pepe por segunda vez. Le conté la idea de hacer un libro.
-¿Usted cree que podría interesarle a alguien? Fue su inquietud.
-Tres personas por lo menos, sin incluirme a mí. Le dije.
Entonces nos reímos y me dijo que prefería contarme sus cosas sobre el tango en los bares porqué se sentía a gusto en ellos, le parecía que eran los lugares más maravillosos. "Todos los días que nos encontremos podemos hacer un bar diferente, si le parece, pibe" invitó.
Por supuesto que acepté enseguida. Pepe fue, desde ese momento "La máquina del tiempo de H.G Wells en versión tanguera, o el profesor de "Volver al futuro" a punto de poner la fecha para viajar a las épocas en que los cabarets funcionaban, Arolas se calzaba los guantes para tocar y Carlitos Gardel todavía no viajaba como banderín en los colectivos.
Dicen que para bailar el tango hacen falta dos. El dicho no precisa demostración, por supuesto, al igual que para las historias también hacen falta dos: uno que las cuente y otro que las escuche.
Aquí estamos Pepe y yo en una tarde de lluvia sobre Buenos Aires, en el bar, mientras un hombre con barba de varios días habla en silencio, una pareja que quizás sean compañeros de trabajo, discuten sobre balances de no se que cosa y la señora bajita que repartía peines, agujas y curitas regala bendiciones sin haber cosechado ni una moneda y el mozo interrumpe su mirada a la televisión para acercarse y escuchar el pedido. Nos saludamos con un apretón de manos.
- Al amigo tráigale un cortado, a mi una lágrima. Pide Pepe.
- Es un buen título ese, le digo
- ¿Cuál?
- Mozo, una lágrima
- Tiene razón, pibe, parece el título de un tango. En una de esas, quien le dice, si me animo se lo escribo.